La menopausia sigue siendo un tabú. No porque sea algo extraño, sino porque nos han hecho creer que, a partir de cierta edad, ya no servimos igual. Que estamos “en otra fase”, como si eso fuera una forma educada de decir que te apartes. A muchas mujeres esta idea les cala. Aparecen la vergüenza, el silencio y una especie de resignación elegante que no es más que abandono. Y no. La menopausia puede ser una etapa incómoda, incluso dura en algunos momentos, pero no es una condena ni una excusa para dejarte caer. Tampoco es algo que tengas que atravesar sola ni callada.
Hay margen de acción. Hay estrategias. Y hay cuerpo. Y el cuerpo, cuando se trabaja bien, responde.
Cuando se habla de sofocos, muchas veces se minimiza. No es “un poco de calor”. Es una sensación real de incendio interno. Como estar en una sauna con dos sudaderas, un abrigo de piel y varias hogueras alrededor. Quien lo ha vivido sabe que no exagero. No hay soluciones mágicas, pero sí cosas que ayudan. Dormir con ropa ligera, observar qué alimentos los disparan, no empeñarte en taparte cuando el cuerpo pide lo contrario… y sí, llevar un abanico. Parece una tontería, pero no lo es. El cuerpo agradece que lo escuches.
Otro tema recurrente es el aumento de peso. Y aquí voy a ser clara: no es que el metabolismo se haya roto de repente, es que ya no puedes tratarlo igual que a los treinta. No se trata de comer menos, se trata de elegir mejor. De ser más sibarita, no más restrictiva. Comida real: verduras, frutas, huevos de proximidad, carne de calidad, carne de caza si la consumes, lácteos buenos. Hidratación de verdad. Y sí, reducir harinas refinadas, bollería, golosinas, bebidas azucaradas, alcohol, y revisar el café si notas que te altera más de la cuenta. No es castigo. Es coherencia.
La menopausia también toca las relaciones y la vida sexual. Aquí se juntan muchos factores: hormonales, emocionales, cansancio, cambios en la percepción del propio cuerpo. Pero no, no está todo perdido. Ni mucho menos. Habla con tu pareja. Explica cómo te sientes. No esperes que adivine nada. La comunicación aquí no es romántica, es práctica. Lubricantes, juguetes, explorar otras formas de intimidad que no pasen siempre por la
penetración… todo eso suma. Y si no tienes pareja, sé creativa y autosuficiente. De verdad, no imaginas el impacto que esto tiene en el bienestar general. Los orgasmos no son solo placer: liberan neurotransmisores y cuidan el tono del suelo pélvico. Esto no es discurso moderno, es fisiología.
Dormir mal es otro frente habitual. Irrita, desgasta y mete la cabeza en bucle. Das vueltas, coges el móvil, te enfadas contigo. Aquí hay dos opciones: pelearte con la noche o usarla a tu favor. Levántate, cambia de espacio, respira. La respiración bien aplicada puede llevarte a estados de calma equivalentes al descanso. No siempre dormirás más horas, pero sí mejor. La lavadora mental se puede parar. Cuesta al principio, pero me repito: todo se entrena.
“Y ahora sí, hablemos de fuerza. El entrenamiento de fuerza no es una moda ni un capricho estético. Es una herramienta de salud.“
Y ahora sí, hablemos de fuerza. El entrenamiento de fuerza no es una moda ni un capricho estético. Es una herramienta de salud. Aumenta la masa muscular, reduce la grasa corporal, protege los huesos, mejora la autoestima y reduce el riesgo de muchas patologías asociadas a esta etapa. No, no tienes que convertirte en culturista. Puedes empezar con tu propio cuerpo, con gomas, con pesas ligeras, con pilates con aparatos o con entrenamiento funcional bien planteado. Lo que sí recomiendo es que, al menos los primeros meses, te dejes guiar por un profesional. La técnica no es un detalle: optimiza resultados y previene
lesiones.
A todo esto se suma la alimentación consciente, la elección deliberada frente a la comodidad fácil —salvo cuando hablamos de calzado— y una revisión honesta del uso que hacemos de las pantallas. Menos televisión, menos redes usadas como anestesia, menos scrolling automático. Úsalas como herramienta, no como escape. Más risa, más relaciones reales, más presencia.
Todo en su justa medida. Cada cosa tiene su lugar. Lo que de verdad nos ayuda a crecer no suele engancharnos; cuando algo engancha, aunque dé placer, a menudo acaba restando. Es una paradoja, pero merece reflexión. Sé franca contigo misma para encontrar tu medida.
Así que sí: levanta peso, respira de forma funcional, come verdura y proteína de calidad, descansa mejor, cuida tus relaciones y vive una sexualidad sana y consciente.
Tu cuerpo y tu mente no te lo reprocharán. Te lo agradecerán